Aquila y Priscila se encuentran con Apolos
(Lee Hechos 18.18–28)
Aquila y Priscila viajan con Pablo hasta Éfeso. Pablo regresa a Antioquía de Siria antes de salir para su tercer viaje. Mientras tanto, Aquila y Priscila enseñan a Apolos acerca de Jesucristo. Apolos era un poderoso predicador que sólo conocía el Antiguo Testamento y el bautismo de Juan. Apolos se convirtió en un defensor elocuente de Jesucristo.
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Pablo retiene un gran interés en su pueblo, los judíos. A pesar del peligro personal, él desea regresar a Jerusalén para la fiesta que se aproxima. Tal vez esto fue para respetar las tradiciones en las que se crió, quizá para guardar un voto, o tal vez para aprovechar la oportunidad para testificar a los judíos. Guardar o no guardar días especiales es cuestión de opinión personal, con tal que uno guarde estos días de acuerdo con los principios bíblicos (véase Romanos 14.5–10).
Al arribar a Cesarea, Pablo subió a Jerusalén y luego descendió a Antioquía. Cesarea es un puerto costero, mientras que Jerusalén se encuentra a 762 metros por encima del nivel del mar. La ciudad de Antioquía, al norte, está ubicada en algún lugar entre estas dos elevaciones.
Después que Pablo sale para iniciar su tercer viaje misionero, Aquila y Priscila conocen a Apolos. Cuando Aquila y Priscila se dan cuenta de que, a pesar de su elocuencia, Apolos no conoce a Cristo, ellos lo toman a su cargo y le exponen la verdad. Esta forma de instruir discreta y respetuosamente a un hombre inteligente demuestra la compasión y la sinceridad que debemos mostrarles a todas las personas.
Alejandría, una ciudad construida por Alejandro Magno (en 332 a. de J.C.), fue uno de los centros culturales y comerciales más importantes de la región mediterránea. Una gran biblioteca de más de 500 mil libros existió en este lugar hasta aproximadamente el año 600 d. de J.C.
Apolos se convierte en un hábil defensor de la verdad. Posee un tremendo conocimiento de las escrituras y crece rápidamente en la gracia del Señor. ¿Será posible que Apolos sea el autor de la epístola a los Hebreos? Porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos (Hebreos), demostrando por las escrituras que Jesús era el Cristo (véase Hechos 18.28). Por otra parte, Pablo puede ser el autor, ya que la epístola procede de Italia y el escritor da la impresión que estaba preso (véase Hebreos 13.19, 22–25).
Pablo enseña a los efesios en su tercer viaje misionero
(Lee Hechos 19.1–20)
Pablo regresa a Éfeso y enseña a los efesios que están en Cristo. Ellos creen su mensaje y reciben el don del Espíritu Santo. Gente de todas partes escucha el evangelio mientras Pablo predica y hace milagros. Un hombre poseído por un espíritu malo pone al descubierto que los siete hijos de Esceva son impostores. El nombre de Jesús es magnificado a medida que las personas creen, confiesan sus pecados y queman sus libros de brujería.
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Cada una de las facciones en la iglesia en Corinto elogiaba a uno de los líderes: Pablo, Apolos o Cefas. Pablo abordó el problema haciéndoles una pregunta retórica: ¿Acaso está dividido Cristo? Pablo exalta a Dios y predica la cruz “a fin de que nadie se jacte en su presencia” (véase 1 Corintios 1.10–29).
La prueba final del cristianismo es la pregunta: ¿Recibisteis el Espíritu Santo? Y la prueba final del recibimiento del Espíritu Santo es el fruto del Espíritu en la vida de uno (véase Gálatas 5.22–23). En este caso también hubo milagros que atrajeron a muchas personas a Cristo.
Pablo trata de convencer a los judíos. Cuando ellos endurecen sus corazones entonces él se aleja de ellos y forma un grupo aparte con los discípulos. Cristo les enseña a sus discípulos a no provocar a los incrédulos (véase Mateo 7.6).
Es posible que Pablo haya escrito cartas a la iglesia en Corinto desde Éfeso mientras estuvo enseñando en la escuela de Tiranno por espacio de dos años (véase Hechos 19.10). Antes de esto, él había predicado en la sinagoga tres meses (véase Hechos 19.8). Está claro que Pablo escribió a la iglesia en Corinto después que conoció a Apolos
(véase 1 Corintios 16.8–12).
Cristo no puede tener comunión con las obras infructuosas de la oscuridad (véase Efesios 5.8–11). Apropiarse de la gracia del Señor para exaltarse a uno mismo es autodestructivo. El espíritu malo se enfureció al escuchar el nombre de Jesús. El juicio que cayó sobre los hijos de Esceva llevó a mucha gente a quemar sus libros de brujería.
El hecho de confesar a Cristo públicamente y destruir las cosas de la vida pasada es un estímulo poderoso para permanecer fieles. ¿Cuáles son las cosas que deben quemarse ante todos los hombres para separar a nuestras vidas de un pasado maligno?
Los plateros se amotinan contra el evangelio
(Lee Hechos 19.21–41)
Demetrio provoca un disturbio entre los plateros y éstos ponen a la ciudad en contra del cristianismo porque la gente está dejando los ídolos. Varios creyentes corren el riesgo de perder la vida. Algunos creyentes convencen a Pablo para que no se acerque al disturbio. El escribano apacigua a la multitud y exige el orden. Después del alboroto, Pablo sale para Macedonia.
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Pablo planea regresar a Jerusalén tal y como hizo al término de su segundo viaje. Además de eso, él tiene un deseo apremiante de viajar a Roma. Él envía a Timoteo y a Erasto, sus compañeros de confianza, a Macedonia entre tanto que él se queda en Asia.
El creciente interés en el cristianismo hace que los plateros se amotinen en Éfeso en nombre de la diosa Diana. El mayor templo en el mundo dedicado a Diana estaba en Éfeso. Diana era la diosa virgen de la luna y de la cacería. Su homóloga en Canaán era Astarot. Gayo (véase 1 Corintios 1.14) y Aristarco (véase Colosenses 4.10; Filemón 24) eran compañeros de Pablo. Pablo quiso presentarse ante la multitud, pero los creyentes no se lo permitieron.
Los prejuicios antisemitas se hacen evidentes cuando Alejandro el judío intenta apaciguar a la multitud. Por lo visto, el escribano fue capaz de calmar a la multitud al recordarles que ellos podían recurrir a la ley. Después de dos horas de gritar y desbocarse, probablemente la multitud se agotó.
El antiguo teatro en Éfeso tenía cabida para 30.000 personas a la vez. La Pax Romana, la paz de Roma, facilitó la llegada del evangelio. El Imperio tenía un idioma común, un gran sistema de carreteras, una ley universal y ejércitos bien entrenados para mantener el orden. Éfeso sí corrió riesgo de ser acusado por Roma por el disturbio injustificado.
Pablo regresa a Troas
(Lee Hechos 20.1–16)
Pablo regresa por Macedonia porque descubre que existe un plan para matarlo. Amigos de diferentes lugares se reúnen con Pablo en Troas. Pablo resucita a Eutico después que éste cae de una ventana en el tercer piso mientras él predica. Pablo invita a los ancianos de Éfeso a que se encuentren con él en Mileto en su viaje rumbo a Jerusalén.
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Después que Pablo sale de Éfeso y mientras se encuentra en Acaya, él descubre que los judíos traman atacarlo. Es posible que Pablo y sus compañeros llevaban una ofrenda para los hermanos en Jerusalén (véase Hechos 24.17). En lugar de navegar directamente a Siria, él navega de Filipos a Troas para reunirse allí con algunos de sus amigos que habían tomado una ruta alternativa a través de Asia.
La iglesia en Troas se reúne para adorar y estar en comunión el primer día de la semana.
Pablo predica un sermón que resulta muy largo. El sermón sufre una interrupción repentina cuando Eutico cae de una ventana del tercer piso. Pablo resucita a Eutico y consuela a los creyentes. Luego Pablo vuelve a subir, parte el pan y come. Sigue hablando hasta el amanecer, y entonces se va. Los viajeros toman rumbos diferentes hasta Asón.
Pablo se apresura para celebrar el Pentecostés en Jerusalén, de manera que él pasa de largo a Éfeso para ganar tiempo.
Pablo exhorta a los ancianos de Éfeso
(Lee Hechos 20.17–38)
Pablo les explica a los ancianos de Éfeso la urgencia que él siente por regresar a Jerusalén. Él está en la voluntad de Dios. Él está dispuesto a morir por Cristo. Habiendo Pablo cumplido completamente su responsabilidad para con las congregaciones nuevas, ahora ellas tienen el deber de mantener la fe en Cristo. Se hace una oración, se intercambian los últimos saludos de despedida y Pablo zarpa.
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Pablo convoca a los ancianos de Éfeso a encontrase con él en Mileto para despedirse por última vez antes de salir para Jerusalén.
Él les recuerda la obra que había llevado a cabo entre ellos en varias ocasiones, y de forma realista enfrenta el hecho de que será arrestado en Jerusalén. Él sabe que le esperan prisiones y tribulaciones. Él terminará su carrera con gozo (véase 1 Corintios 9.22–27). Pablo testifica con una conciencia limpia porque sabe que ha predicado la verdad sin reserva.
Pablo, el apóstol, les encarga a los ancianos que tengan cuidado, que miren por el rebaño, que apacienten la iglesia y que velen. La analogía de los lobos en medio de las ovejas fue dicha originalmente por Cristo (véase Mateo 7.15). Advertencias explícitas similares son dichas por Pablo (véase 2 Timoteo 3.1–5) y por Pedro (véase 2 Pedro 2.1). Posteriormente, el apóstol Juan aborda el problema del cual advierte Pablo (véase Apocalipsis 2.1–7). La bendición final que Pablo les da a los efesios es usada en mucha congregaciones cristianas (véase Hechos 20.32).
Las palabras de Cristo, mas bienaventurado es dar que recibir, no son expresadas explícitamente en ningún evangelio. En aquel momento, las palabras de Cristo eran sólo recordadas y transmitidas de palabra.
La unción para producir un informe escrito de su vida y enseñanzas se intensifica a medida que los apóstoles envejecen. La despedida de Pablo es especialmente conmovedora porque los hermanos no tienen ninguna esperanza de ver a Pablo nuevamente.
Luego Pablo regresa a Jerusalen (Cap. 21).
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